Como en casa

He vuelto un millón de veces a lugares a los que llamé hogar, pero en ninguno de ellos me sentí igual que me siento cuando me abrazas.

De improviso, con calidez, haciéndome sentir segura.

Desde hace ya unos años entiendo eso de que tu hogar está en aquel lugar donde tienes el corazón (de manera metafórica, claro, no nos vayamos a poner gore ahora). Estés donde estés, me llevas contigo, como una casa móvil.

Y somos movimiento aunque, paradójicamente, cada día que pasa sentamos nuestros cimientos.

Además, nos hemos convertido expertos en saber arreglar las grietas que aparecen con el paso del tiempo.

Y, por supuesto, hemos aprendido a pintar las paredes de nuestros colores favoritos.

Brillantes, alegres, que iluminan.

Como tus ojos cada vez que me miran.

 

 

 

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Escapada a Colonia y Bonn

Nunca antes había estado por estos lares, pero ahora puedo decir que Colonia y Bonn son perfectas para un finde de turismo. Son ciudades no excesivamente grandes y muy bien conectadas. Ambas tienen infinidad de rincones con encanto (seguro que nos quedó alguno por descubrir) y mil cosas que hacer. Desde luego, no queda lugar para el aburrimiento.

A principios de este año, hice una escapadita por allí y, como no, siempre cámara en mano, no pude resistirme a hacer alguna que otra foto. ¡He aquí la prueba!

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Primavera en otoño

No sé dónde leí que el otoño es, a su manera, una especie de primavera. Las hojas que se caen dejan paso a otras nuevas y es, por decirlo de algún modo, una especie de renacimiento. Un proceso de renovación. Y a mí me gusta verlo así también; tiene algún que otro tinte romántico.

Todos los otoños tienen su encanto, pero este, para mí, es más especial. Lo que parecía un noviembre más resultó ser el mes en el que yo misma renací. Después del llanto -como cualquier bebé sanote-, abrí los ojos y volví a ver la luz como si fuera la primera vez.

Como si se tratase de un momento de lucidez en el que, de repente, te das cuenta de que la vida no es tan seria; al menos no tanto como estabas tomándotela hasta ahora. Te das cuenta de que hay cosas por las que merece la pena luchar y, desde luego, personas por las que merece la pena todo. Que quizás la perfección está sobrevalorada y que lo imperfecto tiene su encanto, pero solo si sabes valorarlo y encontrar la parte positiva; porque supongo que la mayoría de las cosas la tienen, si sabes mirar bien.

La vida es más simple que todo eso, solo si nosotros estamos dispuestos a poner de nuestra parte. De nada sirve perder el tiempo con pequeñeces que nos dan dolores de cabeza o nos quitan el sueño, no es productivo en absoluto. Y la cosa no está como para ponerse a malgastar minutos tan valiosos con pensamientos negativos.

Porque sí, me he dado cuenta de que no todo es tan complicado y que somos nosotros los que enrevesamos hasta las cosas más sencillas.

Que la vida es más bonita cuando estás sonriendo y que, por obvio que parezca, la felicidad genera más felicidad; o al menos hace que las cosas sean más fáciles.

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Cuestión de tiempo

Hoy le decimos adiós a octubre y qué mejor manera de hacerlo que estrenando blog. En esta versión renovada de mi web personal pretendo hablar de música, de libros y de cualquier cosa que se me pase por la mente o me parezca interesante. Nuevas secciones arriba y, a la derecha, mis listas de Spotify y fotografías de las cosas que me llaman la atención. Todas mis pasiones recogidas en un mismo sitio y a golpe de clic.

Me gustaría empezar hablando del tiempo. Un tema muy recurrente para empezar conversaciones en ascensores o cuando tu amiga te deja sola con ese amigo en común y tienes que hablar de algo, ¿verdad? ¿Por qué no iba a serlo para empezar un blog?

Pero no, no me refiero a dar el parte meteorológico, me refiero a la concepción del tiempo que se tenía hace unos cuantos siglos, allá por el XVI, cuando Da Vinci creó su Mona Lisa y Shakespeare no sabía que a día de hoy seguirían yendo al teatro a ver sus obras.

Por influencia de San Agustín, se entendía el tiempo de una forma diferente; una que, personalmente, me fascina. Según él, el pasado no existe, simplemente es un recuerdo en nuestra memoria. El futuro, tampoco es algo real, pues es algo que nos imaginamos, en lo que ponemos nuestras expectativas. Y, el presente… el presente es algo efímero que casi de forma instantánea se convierte en un recuerdo más.

El tiempo está en constante movimiento y esa fugacidad me parece preciosa a la vez que terriblemente peligrosa.

Muchas veces cometemos el error de pensar que el presente es para siempre y no tenemos en cuenta que, en cualquier momento, lo que ahora damos por supuesto puede, en cuestión de segundos, pasar a ser parte de ese pasado que ya no existe más que en tu memoria.

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